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Rocío Gómez | ¿Quién no ha escuchado o referido alguna vez ese viejo dicho popular de “la familia, del zaguán para adentro”? Debo decirles que a mí no me gusta nada, suena a derrota de nuestro lado más social, a egoísmo compartido con los de consanguinidad de primer grado. Se usa, bueno, pongámoslo en primera persona, lo he utilizado frecuentemente cuando algo fallaba con un buen amigo o alguien querido de la familia (de los que no viven bajo tu mismo techo), cuando tenía que replegarme al calor del hogar para refugiarme de un desengaño personal o familiar.
Pero esta frase es también una perfecta metáfora de la despreocupación por los demás y el egocentrismo que tanto cultivamos durante los años de vacas gordas. La abundancia de todo y para (casi) todos, nos llevó a centrarnos demasiado en nosotros y los nuestros. Nos quedábamos “de zaguán para adentro” hasta cuando era cuestión de vida o muerte actuar...  

Consuelo Crespo, presidenta de Unicef en España, lo apuntaba recientemente en una entrevista, “en las épocas de bonanza te olvidas de los que sufren”. Curiosa contradicción, cuando más recursos tienes para ayudar, más miras para otro lado.
Ahora vivimos otros tiempos, ya lo saben, diariamente nos lo recuerdan, de cuando en cuando hasta en esta sección de La Guía de Pilas.com, yo la primera. Corren vientos huracanados para el sistema económico y social. Eso sí, la tempestad atmosférica se relaja cuando  hablamos de solidaridad… Sí, nos atrevimos por fin a poner un pie fuera del zaguán, y hasta empezamos a disfrutar recuperando el perdido sentido de la hermandad. Queremos ser útiles a los demás, queremos colaborar, cooperar y apoyar porque, aunque también a nosotros nos haya dado un buen zarpazo la crisis y los recortes, siempre hay personas y colectivos con quienes se están cebando mucho más.  

Esa es la sensación creciente que me transmite el movimiento asociativo de mi pueblo en los últimos meses. La pérdida de recursos económicos y el adelgazamiento, a la fuerza, del presupuesto (por la desaparición o reducción de subvenciones públicas, la merma de cuotas de socios y la disminución de colaboraciones empresariales), no solo está agudizando el ingenio de nuestras asociaciones. Las penurias económicas también están generando otras fortalezas, como una mayor cohesión entre los componentes de estas organizaciones, la apertura y atracción de nuevos voluntarios y/o socios, una mayor cercanía y comunicación con el ciudadano, y sobre todo, la práctica de una mayor solidaridad interinstitucional. 

Hilvanaba esta reflexión leyendo en La Guía de Pilas.com la información difundida por la Peña Sevillista “Enrique Lora” sobre el reconocimiento que recogía el 1 de Mayo de la Agrupación Local del PSOE, un premio “Progresa” por la labor social que esta veterana institución ha realizado en el último año a favor de las asociaciones más necesitadas de nuestro pueblo. Los representantes de los sevillistas en Pilas afirmaban en el comunicado destinar el 20 por ciento de las cuotas de sus socios y socias a obras y fines sociales, una política de solidaridad que les está reportando muchas satisfacciones, un acto de generosidad con el que alivian la frágil economía de otros actores del tejido social local.

Pero el ejemplo de la solidaridad entre asociaciones en Pilas tiene otros nombres, algunos de ellos ya curtidos en estas prácticas aunque últimamente aún más entregados a ellas, como el Grupo de Teatro de la Asociación de Mujeres Isabel II. Su divertidísima obra “Mi tía y sus cosas” abarrotaba hace unas semanas durante nada más y nada menos que seis días el salón de actos de la casa de la cultura a beneficio de otras tantas asociaciones pileñas (ALUSVI, Alborada, Residencia de Mayores, Lucha contra el Cáncer, etc.). 

Y lo mismo ocurría el pasado fin de semana con la Agrupación “Paco Valladares”, que se lanzaba al mismo escenario a beneficio de ALUSVI, con la simpática y magníficamente representada “Los ladrones somos gente honrada”. Teatro, del bueno, con un trasfondo solidario, no se puede pedir más.
Estos son solo algunos ejemplos. Hay muchos más. Ya sabemos que las crisis nos empujan a reflexionar, a replantearnos nuestras prioridades, a dar otro sentido a nuestras vidas, a empezar de nuevo, a emprender nuevos caminos.  Y muchas asociaciones pileñas están sabiendo aprovechar esta oportunidad de aprendizaje, de crecimiento colectivo. Tengo la impresión de que el movimiento asociativo regresa a sus orígenes, vuelve a ser cabecera de pancarta, protagonista principal de la reivindicación y la acción social, comprometiéndose cuando tanto hace falta.  Pero no están todos los que deben ni pueden. Hay quienes prefieren alargar la hibernada, continuar acomodaticios, al otro lado del zaguán… 

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