Fernando Ortega | En la mañana
del miércoles 9 de enero, un fuerte sentimiento de congoja y dolorida sorpresa se
apoderó del corazón de muchos pileños, cuando comprobamos que era cierto lo que
se rumoreaba, por muy increíble que pareciera: varios trabajadores del
Ayuntamiento procedían a talar por completo la frondosa copa del laurel de
indias que enseñoreaba la Plaza del Aviador Francisco Medina, vulgo “Placita don
Luis”. Ese árbol espectacular, que formaba en su rincón, junto a la Iglesia,
una de las postales más hermosas de nuestro pueblo, caía abatido por las
máquinas inmisericordes de los operarios, que cumplieron con eficacia la orden
que se les había dado.
Lógicamente,
la reacción popular fue inmediata, y las redes sociales empezaron a hacerse eco
del asunto, entre otras cosas, por la falta de información sobre el aparente e
inesperado arboricidio. El señor alcalde, que justo la noche antes
había estado en el programa “Aquí y Ahora” de Canal Pilas, extrañamente no
había dicho absolutamente nada sobre esta iniciativa, que sorprendió a los
vecinos cuando ya estaba en marcha.
A lo largo
del día, sí que apareció la noticia en la página web oficial del Ayuntamiento,
en la que se habla no de una poda ni de una tala, sino de un “traslado” del
árbol al parque municipal, para garantizar la seguridad de la vivienda de una
vecina y de la propia plaza. En esta nota, los dirigentes municipales, en su
línea habitual, justifican su actuación atacando a los que los precedieron en
las tareas de gobierno, su blanco preferido.
Dicha
información no viene apoyada en ningún informe técnico especializado. Tan solo
se cita a un encargado municipal, quien asegura que “aunque parezca muy tajante
la poda, este árbol rebrotará sin duda alguna en su nueva ubicación”. Me
impongo la obligación de creer en las palabras del trabajador y espero que
tenga razón, aunque confieso que soy pesimista al respecto y temo que el pobre árbol
haya acabado ya sus días agradando la vista, regalando sombra y ofreciendo
alojamiento a las aves. No obstante, habrá que esperar, mientras permanecemos
muy atentos al desarrollo de los acontecimientos.
Esta es la
versión oficial. Pero, por otro lado, escucho voces que aseguran que la
situación que presentaba este árbol es bastante común y que se puede solucionar
de otro modo, sin necesidad de mutilarlo y arrancarlo, dedicándole esfuerzo y
recursos económicos, que es justamente lo que necesita la conservación de todo
patrimonio, sea natural o artístico.
Nuestro
pueblo ha sido mutilado gravemente en uno de sus rincones más pintorescos y los
ciudadanos necesitamos saber si esta medida era absolutamente inevitable o solo
se ha aplicado por ser la más fácil y la más económica, en cuyo caso estaríamos
ante una actuación de una gravedad espeluznante e imperdonable.
Es muy
importante que no quede ninguna duda sobre este asunto, y por eso mismo, no
consigo entender cómo el señor alcalde desperdició la oportunidad la noche
anterior, en Canal Pilas, de dar todas las explicaciones necesarias y de
tranquilizar al pueblo, mostrando los informes técnicos oportunos y explicando
las garantías con que se va a realizar el trasplante del árbol al parque
municipal. No puedo evitar que ese silencio
premeditado me llene de inquietud.
Ya que la
pérdida no tiene remedio, al menos exijamos que esa inquietud desaparezca
cuanto antes. Será la mejor señal de que se han aclarado de forma satisfactoria
todos los interrogantes que esta cuestión ha suscitado.
Mientras
ello ocurre, tendremos que ir acostumbrándonos poco a poco a ver la “placita don
Luis” con el aspecto desolador que ya muestra, echando de menos a su majestuoso
compañero, como ya lo añoramos los muchos pileños que disfrutábamos de su
belleza.
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