Rocío Gómez | La moringa es un árbol originario de la India con
poderes curativos. Tantos, que es popularmente conocido como el “árbol
milagroso”. Sus generosas propiedades obran prodigios en episodios alérgicos, depresiones,
diabetes o asma. También comentan en la red que reduce el colesterol, baja la presión
arterial, tiene facultades nutricionales y es un estupendo regenerador y energizante natural.
Sin despreciar las cualidades medicinales y
nutricionales de la moringa, en Pilas tenemos un árbol que también está obrando
milagros. En cuestión de horas ha energizado tanto los ánimos que ha conseguido
subir la presión arterial a más de uno, además de acabar de un plumazo con la
alergia a lo “verde” que desde hace años padecía buena parte del vecindario
local.
El laurel de indias que hasta hace unos días lucía su fabuloso
verdor en la plaza Aviador Francisco Medina ha provocado una marea ecológica de
tales proporciones que en mis cuatro décadas de vida nunca había visto nada semejante
entre mis vecinos. Tal es así que duermo más tranquila a partir del “día
de”, convencida de que seguiremos en
racha, defendiendo con uñas y dientes el patrimonio natural de nuestro pueblo,
y de camino, el cultural, especialmente el arquitectónico (lo poco que queda,
claro).
La poda del árbol de frondosa copa (paso previo a su
traslado al parque municipal, imagino) no ha dejado indiferente a nadie. Y aunque
se han escuchado más las reacciones de apoyo thysseniano, también hay quien ha
entendido las razones de su traslado, incluso hay una vecina feliz ante la idea
de perderlo de vista definitivamente (de frente a su casa y de su interior), y
con razón, según informan desde la web municipal.
Nostalgia, incredulidad, incomprensión, alegría, pena,
cabreo,… tantos sentimientos encontrados en torno a un árbol han forjado un milagro
aún mayor, que durante varios días dejemos de hablar de “la cosa”, para entregarnos
por completo a la polémica ecologista de la década, en los corrillos vecinales
de a pie de calle y en los socialmedia. Creo que el tema hasta ha generado otro
trending tropic para la historia local, #yotambiénsoylaurel.
Dijo el juez Emilio Calatayud el viernes en su
conferencia en Pilas que los españoles somos de natural muy de extremos, y que
pasamos de uno al otro en menos que canta un gallo.
Quizás el ímpetu ecologista
por el laurel mutilado tenga algo de eso, y así, hayamos pasado de aplaudir la
destrucción del campo en pro de un progreso de pelotazo y pésima planificación
(entiéndase “polígonos industriales muertos de risa o urbanizaciones de
viviendas semivacías”); observar, sin importarnos demasiado, la agonía y muerte
de otras especies de árboles o convivir desde hace décadas con un contaminante
e insoportable hedor, entre otros problemas ambientales, a defender como
jabatos nuestro patrimonio natural y el derecho que tenemos a habitar un pueblo
medioambientalmente saludable.
Ese sería el más optimista de los casos. Pero hay otra
hipótesis por la que me inclino más. El laurel de indias es un patético reflejo
de las dos Españas que hay en nuestro pueblo, reflexionaba mi hermano este fin
de semana. Esas dos Españas que hay en
toda España. Una división social, manejada por la clase política, en la que los
curritos andamos enfrascados desde tiempos inmemoriales (con honrosas
excepciones durante la Transición democrática, incluso a nivel local),
trabajando nuestras diferencias por encima de lo que nos une o debería unir.
Una división que se alimenta de anécdotas como la del árbol
para mantenernos entretenidos, alineados e inactivos en las causas que de
verdad importan. Entiéndase “la cosa”, o lo que es lo mismo, el desempleo, la
pobreza, la discriminación de género, la violencia, la corrupción, el
caciquismo político, la manipulación y la mentira, la falta de libertad, la
pérdida progresiva de derechos, la desesperanza en que estamos cayendo hasta
los más ilusos… Esa poderosa “cosa” que tiene hundido en la mierda a nuestro
país y a nuestro pueblo desde hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo cuando
empezó la decadencia. ¿O es que fuimos libres, ricos y felices alguna vez?


